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Nunca antes una película causó tanto daño económico y generó tanta polémica, ni siquiera Cleopatra, que es considerada un gran fracaso, como lo hizo el filme La puerta del cielo, estrenada en 1980. Tanto así que el estudio que la produjo, Artistas Unidos, tuvo que asumir las cuantiosas pérdidas, declararse en bancarrota y cerrar sus puertas para siempre.

De ello hace exactamente 40 años. Fue uno de los hechos más funestos para la industria cinematográfica. Significó el declive de su realizador Michael Cimino, que el año anterior había ganado el Óscar al mejor director por El francotirador. Desde entonces el cineasta estadounidense no fue tomado en cuenta en serio, y era blanco de burlas de sus colegas del cine.

Lo mismo significó para el actor estadounidense Kris Kristorfferson, que hasta entonces tenía una prestigiosa carrera artística, y que venía de protagonizar un gran éxito, como fue Nace una estrella. Después de La puerta del cielo trabajó en pequeños papeles y luego se retiró de la actuación para dedicarse solo a la música, donde le fue mejor.

Los estudios Artistas Unidos, que venían de tener importantes éxitos cinematográficos querían producir la película más importante de la historia, con la mayor producción y una constelación de estrellas. Contrataron al director más importante del momento y al actor de moda, con los mejores escenarios y el guion más espléndido.



Era la época en que los directores mandaban, manejaban grandes presupuestos y se podían exceder en los tiempos. Y todos andaban detrás de ellos cuidando los detalles de la realización. Y así era Cimino, cambiaba de un día para otro los acuerdos de producción, repetía las tomas hasta 20 veces y hacía esperar la filmación hasta que el cielo se ponga del color que él quería, cuenta el portal Muy interesante.

Pero cuando los productores de La puerta del cielo empezaron a darse cuenta de que la película tardaba mucho en filmarse, lo que significaba aumento de presupuesto, y que no estaría a tiempo para ser nominada a los premios Óscar, empezaron a ponerse nerviosos.

Reclamaban y presionaban para que Cimino y su equipo se apuren. Pero el cineasta estaba 'en su nube', de donde miraba todo con paciencia, y decía que a una obra de arte no se lo ponía límites ni tiempos. La relación laboral entre el cineasta y los productores empezó a deteriorarse, se llegó a pensar en cambiar al director, pero se dieron cuenta de que ello solo traería más gastos.

Cimino era demasiado meticuloso con las imágenes. Podía esperar varios días para que el clima cambie, para que aparezcan en el firmamento las nubes que él quería. A los actores les pedía perfección en sus actuaciones y diálogos, y si la toma no quedaba como deseaba, la repetía. Hizo traer de una lejana ciudad un tren para realizar unas escenas, cuando vio la locomotora no le gustó y dijo que no la usaría, ocasionando un gasto innecesario y pérdida de tiempo.



Hacía cambiar vestuario a último momento. Primero pedía 100 actores extras, cuando veía la escena decía que necesitaba más gente y ordenaba que se contraten 100 más y así hasta quedar conforme. 

Los productores de la cinta veían que cada día perdían dinero. Una vez el director les prohibió entrar a los estudios y ver la filmación, porque decía que lo molestaban y él era un artista.

Camino al fracaso

Artistas Unidos se dieron por vencido y aplazaron la fecha del estreno de la película. El propósito era ser tomada en cuenta para los premios Óscar y la dejaron para el siguiente año.

Finalmente La puerta del cielo estaba lista. Se programaron tres preestrenos, con presencia de los ejecutivos de la productora, el equipo de realización, prensa e invitados especiales. A la primera exhibición asistió bastante gente, que llenó el teatro, ansiosa de ver la película anunciada como la mayor producción de la historia de Hollywood.

Inicialmente la cinta tenía una duración de casi cuatro horas. Cuando pasaron los primeros 30 minutos en la sala había un silencio sepulcral, nadie comentaba nada. Avanzó media hora más y empezó a sentirse un ambiente tenso, los espectadores se miraban entre ellos pero no decían nada. Cuando la proyección llegó a la mitad, algunos asistentes se levantaron de sus asientos y se fueron.



Finalmente terminó la exhibición y, la crítica destrozó la película, asegurando que mantenía un ritmo demasiado lento y que no valía la pena ver cuatro horas de algo tan espantoso.

Los restantes dos preestrenos fueron suspendidos, la cinta se redujo a tres horas y se la exhibió en salas comerciales sin grandes pompas.

Finalmente, el filme no recibió ninguna nominación a los Óscar y fue catalogado como el mayor fracaso de la historia de Hollywood.



El filme que en 1980 costó 4
4 millones de dólares, solo recaudó en taquilla 3,5 millones, por lo que sus pérdidas económicas fueron muy graves. En 1981 se estrenó en Bolivia, pero no estuvo más de dos semanas en cartelera.

Los estudios Artistas Unidos no pudieron asumir sus otros compromisos de producción, por lo que al año siguiente cerraron sus puertas.