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También llamado baguette, el pan francés, es uno de los alimentos más sabrosos que ha dado dicho país europeo al mundo y que se consume en todas partes. La Confederación de Panaderos de Francia envió la solicitud al Ministerio de Cultura de su país, para que lo postule ante la Unesco como Patrimonio Intangible de la Humanidad, debido a que representa un bien que se consume en los cinco continentes, que ha influido en la gastronomía internacional y porque es un símbolo de esa nación.

La autoridad cultural francesa no la tiene fácil, porque tiene que elegir solo a un nominado de entre tres, los techos de París, la fiesta de Arbois y el pan francés. Este país solo puede inscribir un nombre ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), pues ya tienen muchos lugares seleccionados patrimonios mundiales, y solo le aceptan uno.



La ministra francesa de Cultura, Francoise Nyssen tiene hasta el próximo mes para decidir quien representa a Francia en dicha selección. El nombre lo debe aceptar el presidente Emmanuel Macron y luego enviarlo a la Unesco, que tiene sede en París. Allí pasa por otra selección que evalúan las postulaciones que en este caso por ser intangible pueden ser tradiciones orales, artes escénicas, rituales, artesanías tradicionales y prácticas sociales. Los nombres de los ganadores se anunciarán en 2022 en un gran evento en la capital francesa.

Quienes defienden la postulación del baguette dicen que este producto alimenticio es tan típico francés como la torre Eiffel, el Arco del Triunfo o el río Sena. Que no hay nada más tradicional que ver en la calle de una ciudad o de un pueblo galo a una persona con su barra de pan francés yendo a desayunar, o sentado en una cafetería comiendo un pedazo de este rico y crocante alimento.



Muchas películas han retratado esa escena idílica, como La bella y la bestia, La gran ilusión o Desayunando en París, en las que se muestra una panadería y afuera, en el corredor algunas mesas con gente consumiendo el pan francés con café. O imágenes de una pareja cerca de la torre Eiffel, sentados en el céspedes, con una canasta con baguettes y flores, como en el filme Amo el río Sena.

La revista Explore France informa en Francia diariamente se producen seis millones de baguettes, y que se ha expandido tanto su consumo que no existe un solo país del planeta donde no se lo consuma. El elaboración es sencilla y barata, solo se necesita harina de trigo, agua, sal, levadura y huevo. Se lo amasa, se le da su forma alargada y se la coloca en el horno caliente, informa la revista Semana.

El pan francés o baguette data de mediados del siglo XIX, cuando aparecieron los primeros hornos industriales en Viena (Austria). De ahí se llevó la receta a París que lo adaptó y le dio la forma y el sabor peculiar con que ahora lo conocemos. Se popularizó porque era rico y sobre todo barato, estaba al alcance de los bolsillos de la mayoría. Luego surgieron otras versiones de este alimento, llegando hasta formar parte de la cocina gourmet francesa, que se sedujo el paladar de todo el mundo.



Los panaderos franceses dicen que si la pizza napolitana, con todos sus merecimientos fue elegida Patrimonio Intangible de la Humanidad, porque el baguette no lo puede ser, si son igual de históricos, populares y sabrosos. Ellos esperan que su ministra de Cultura los elija para representar a su país y que la Unesco los incluya en su prestigiosa lista de patrimonios mundiales.

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