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Un viaje que empezó a planearse hace tres años finalmente se concretó hace diez meses, cuando el colombiano Simón Vergara partió desde su casa, en el municipio de Ubaté (Cundinamarca), un 9 de enero. Vergara tiene como compañeras de viajes a sus dos mulas, que han respondido bien durante este tiempo que atravesó su país, Ecuador, Perú y llegó hace tres días a Bolivia. Por ahora está en Santa Cruz, pero luego continuará hasta su destino final: el festival de doma y folklore Jesús María en la provincia de Córdoba (Argentina).

Vergara tiene 23 años y recuerda cuando empezó a tener esa sensación de aventura, de viajar por varios países. Siempre vivió en medio de caballos, por eso las dos mulas le resultaron la mejor opción para él cuando tocó buscar cómo viajar. El viaje lo habían planeado hacer con un amigo, pero este desistió dos meses antes de la fecha acordada, algo que no desanimó a Vergara. 

La ruta escogida para la travesía fue la cordillera de Qhapac Ñam, un sistema vial preincaico, patrimonio de la humanidad de la Unesco, que pasa por estos cinco países. "Los caballos siempre han sido mi pasión, así que cuando finalmente me decidí a hacer este viaje supe que tenía que hacerlo con estos animales, en este caso dos mulas. Y por donde he estado viajando quise conocer gente que tenía caballos", explica Vergara.

Una de sus mulas, Cimitarra, la tiene desde hace cinco años con él. Con ella empezó su pasión por las mulas. La otra mula, Pluma de Oro, la compró para el viaje, teniendo en cuenta que sea de tierras calientes para que se adaptara mejor a los cambios de temperatura del viaje.

Demoró dos meses en salir de Colombia, en Ecuador también estuvo dos meses. Luego fue a Perú, donde estuvo cinco meses. Allí tuvo un momento de reflexión entre seguir o no con el viaje. Estaba muy agotado física y mentalmente. Así que Vergara deja sus mulas en Lima y regresa a su país por avión, donde descansa un mes y renueva las ganas de continuar.

Vergara empezó a viajar cuando las fronteras terrestres estaban aún cerradas, pero ya tenía los permisos para que sus dos mulas pasaran por allí; entonces lo que él hacía era dejarlas en esos cruces entre países, regresar al aeropuerto más cercano del país donde se  encontraba y volar hasta el siguiente destino, recoger las mulas de las fronteras y seguir.

Cuando llegó a Bolivia el plan era continuar hacia Argentina por la frontera de Villazón, pero como continúa cerrada decidió bajar hasta Santa Cruz y continuar por la de Yacuiba. 

Lo que Vergara más destaca de esta travesía es la "berraquera" de la gente, la alegría y la resiliencia que encontró en ellos. "Hay mucho espíritu luchador y ganas de salir adelante. Somos personas muy trabajadoras y entregadas a lo difícil de estos países", comenta el viajante. "Aunque los gobiernos los olvide y no les de ninguna ayuda, ellos están ahí dándolo todo", agrega Vergara, que en todo este tiempo se ha alimentado con una base de pastas y pescados, cuidando a sus animales también, que son su apoyo. 

"Aún no he asimilado lo que este viaje ha provocado o cambiado en mí. Todo el tiempo conoces algo nuevo, una persona nueva que te deja algo. Tienes un reto nuevo todos los días. Pero si tuviera que decir algo que mejoró en mí es la paciencia. Ha sido muy importante para mí el día a día, vivir el momento", señala Vergara.

Quizás los momentos más difíciles han sido caminar por cumbres altas o acantilados, donde a las mulas les costó avanzar o pudieron haber caído, pero para su suerte, Vergara dice que nunca pasó a mayores.

Ahora descansa en Santa Cruz para seguir hacia donde apunta desde hace tres años


Vergara invita a todos a que se vacunen, ya que gracias a la vacunación contra el covid no tuvo problemas al momento de viajar de país en país

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