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Al llegar al corazón de Clara Chuchío, en Warnes, un gran letrero grabado sobre la pared salta a la vista de propios y extraños: Pulpería doña María, se puede leer. Se trata de la tienda de los esposos Adrián Rivero Rivero (68) y María Dioni Vargas (65), que durante toda la cuarentena abasteció de alimentos a los lugareños.

Para que no falte, al menos, lo necesario en los hogares de esa población warneña, la pulpería de los Rivero Vargas se mantuvo abierta en los horarios permitidos, pero incluso, si alguien tocaba su puerta cuando la tienda ya estaba cerrada, ya sea porque necesitaban alimentos básicos o provisiones para llevar a zonas alejadas, no dudaban en atenderlo, dada la urgencia y la necesidad.

Clara Chuchío forma parte de Satélite Norte, es un poblado tranquilo, donde todos se conocen. Una de las tiendas más antiguas y, por tanto, la más concurrida es precisamente la de los Rivero Vargas.

La pareja relata que durante el confinamiento contaron con la ayuda de su hija menor y de su yerno, que madrugaba hasta Satélite Norte a realizar las compras. Huevos, pollo, pan, fideo, arroz, abarrotes y verduras, además de algunos medicamentos, como diclofenaco, aspirina y paracetamol ponían al alcance de los pobladores.

Siempre han sido cuidadosos con la desinfección de los alimentos y con las medidas de bioseguridad a la hora de atender, eso los ha mantenido libres de contagios, pese a que el coronavirus penetró también en Clara Chuchío.

“Nosotros siempre hemos seguido los consejos de las autoridades que emiten por los medios de prensa y las redes sociales, y que dicen que el cuidado es lo más importante. Aquí en mi familia no pasó nada, todos estamos sanos”, afirma don Adrián.

Asegura que también cuentan con la protección de la Virgen de Urkupiña, de quien son fieles devotos. Por la cuarentena, no pudieron organizar una fiesta para la festividad, pero sí rezaron la novena en familia.

Las medicinas naturales también han sido sus aliadas para protegerse del enemigo silencioso, pues el mentisan y las infusiones de eucalipto y hoja de guayaba no faltan en el hogar.

Una década de trabajo

Decidieron emprender este negocio hace diez años, cuando Adrián Rivero se jubiló de su oficio de agente municipal y socio de una empresa de transporte.

“No es algo para hacerse rico, pero cada día ‘gotean’ algunos quintos que nos ayudan a subsistir, pero sobre todo, tenemos la pulpería como una distracción porque nos hace sentir útiles. Además, así servimos, de alguna manera, a nuestra gente”, dice Adrián.

Su sentido de servicio hace que se mantenga hasta ahora como una especie de coordinador de Clara Chuchío con la Subalcaldía de Satélite Norte.