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Santa Cruz está de aniversario y pese a las difíciles circunstancias que rodean este año a su emblemático 24 por la pandemia global, razones tiene de sobra para celebrar no solo el 210 aniversario de su gesta libertaria, sino la conquista de su nuevo rol protagónico en el destino del país.

Esta tierra bendecida que nació como un pueblo pequeño es hoy la urbe más poblada del país, la que cultiva, cría y produce el alimento para Bolivia, la que genera las mayores fuentes de empleo, y hace mucho que ya no solo para los cruceños, sino para todos los compatriotas del país que tienen en esta región el sustento que quizá en sus lugares de origen no pudieron encontrar.

Santa Cruz tiene ahora un nuevo y consolidado protagonismo en el destino del país: aquí ha comenzado y se ha sostenido durante 21 días la movilización popular que entre octubre y noviembre del año pasado provocó el cambio político más importante de los últimos años.

Cómo no recordar el desprecio con que un líder político ahora en el exilio se refería a la movilización de los cruceños, que en lugar de piedras, rocas o llamas de fuego eligieron más bien símbolos antes que objetos contundentes para hacerse escuchar; cómo olvidar cuando aquella persona se burlaba y decía: “Dos o tres personas amarrando pititas, poniendo llantitas; ¡qué paro es ese! Soy capaz de dar talleres, seminarios de cómo se hacen las marcha a ellos, para que aprendan”.

Así es el cruceño, nacido o no nacido en esta tierra, que puede sorprender con su creatividad para salirse del molde y demostrarle al mundo que también existen otros caminos y que mientras se los recorra con pasión, compromiso, convicción y espíritu guerrero para métodos pacifistas, también conducen a buen puerto.

Aquí se ha gestado el sueño de la autonomía que después adoptaron todas las regiones del país, aunque en el proceso intereses políticos desde el Gobierno central perforaron su fuerza y el espíritu inicial con que nació.

Sin ánimo pretencioso, sino simplemente como una constatación numérica y de hechos, hay que reconocer que en Santa Cruz se definirá el destino político del país en los próximos cinco años y quien sabe si por un largo futuro, con el voto de sus habitantes el 18 de octubre próximo.

No es casual que los candidatos miren a Santa Cruz con la apetencia del que sabe lo que aquí se juega, y entonces vuelcan sus estrategias y se acercan a su gente a comprender las particularidades de esta cultura que, como todas, tiene sus propias claves de comprensión, tiene su identidad propia y hasta sus secretos.

Tierra que en ocasiones también es víctima de algunos de sus hijos, eso que encienden las llamas que destruyen la naturaleza por ambiciones económicas y que precisamente por las fechas del aniversario de la independencia eclipsan su cielo azul con negros nubarrones que llegan desde la pesadilla de la Chiquitania.

Santa Cruz es la región que más crece en el país, y como tal, no únicamente es la nueva gran protagonista de la historia del país, es la tierra que afortunadamente nunca perderá la sencillez del pueblo que fue un día ni de su gente, condiciones que sumadas a la naturaleza encantadora y de clima acogedor logran esa magia de pocos lugares: quien llega a Santa Cruz no se quiere ir nunca más. ¡Felicidades Santa Cruz!