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Todavía no se ha inventado el instrumento que mida la crueldad. Sin embargo, en Bolivia hay casos como el del tucán Tuki Tuki que podría romper con los límites más despreciables.

La bella ave abandonando su hábitat por el fuego criminal, que otra vez golpea a Santa Cruz, encontró en una papaya su alimento más necesitado conjuntamente con la maldad humana primero y la muerte días después. Con un ala rota y el pico cortado, lesionado por la mano del hombre, el ave falleció producto de un shock cardiogénico provocado por la agresión y el largo trajín que vino después. ​Pero, además, hay decenas de tucanes y otras aves de belleza extrema que son agredidos, casi en forma constante, en estas áreas “protegidas” y zonas aledañas.

Trajo el recuerdo de aquel biocidio, de la sentida pérdida de la osa hormiguera Valentina, símbolo de la fauna afectada también por los incendios de 2019, que también halló la muerte y el espanto tras los golpes de ira de un guardia desquiciado.

Así maltratamos a la naturaleza y así, tal vez, nos podríamos encontrar un día con la devolución de favores. Hemos perdido el amor y el respeto por la tierra, madre de nuestras vidas. ¿O la ignorancia y la enfermedad crónica de quienes se sienten omnipotentes ante ella creen que se saldrán con la suya?

Nadie podrá devolverle la vida al colorido tucán. Ni mucho menos el sufrimiento que padeció en sus últimos días hasta morir de dolor. En esa despiadada muerte todos morimos un poco. Actos que nos dejan el vacío como humanos.

Millones de hectáreas bajo fuego en los últimos años y en ellas pérdida de ecosistemas, devastación de especies y envenenamiento del suelo, agua y el aire. Hoy la delgada línea roja atraviesa también a los animales que huyen del fuego y son atropellados en las vías o carreteras aledañas. Se trata de especies silvestres como zorros, iguanas, lagartos, osos hormigueros, tamandúas, por nombrar algunos. Se necesitan nuevas leyes, acordes a los tiempos que corren y que los nuevos dirigentes, estén a la altura de las circunstancias y de los tiempos pospandémicos. Tras el lamentable hecho se ha reglamentado una disposición que indica que cualquier persona que sea encontrada transportando armas de fuego o se identifique como cazador furtivo, será detenido.

Se siente poco interés por salvar la naturaleza de estas y otras impiedades y mucho se alardea en la escena proselitista. La falta de actitud política al respecto se desvela en la superficial forma de abordar el tema, como si se tratara de un romanticismo pasajero y estéril.

El pasado viernes hubo más de 3.000 eventos que se unieron al movimiento mundial por la emergencia climática “Fridays for future”. Millones de personas en el planeta reclamando a la clase política mundial por el cambio climático, porque se trata de una urgencia indiscutible por el alarmante estado de las cosas.

El orgullo de nuestras riquezas naturales continúa siendo mellado por estas actitudes inaceptables y despiadadas. La justicia debe actuar en estos hechos en forma implacable y ejemplificadora. No hay tiempo de bajarse del mundo ni de pedirle que gire al revés. No podemos permitir que sigan ardiendo los humedales y quemando nuestro futuro. Por lo tanto, el cambio es ahora, inmediato, necesario y urgente. Quien incumpla quedará marcado como asesino de la naturaleza y de todos nosotros.