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Pedro Charles Albornoz Camacho ganó el año pasado el XIV concurso de Novela Marcelo Quiroga Santa Cruz, que organiza el municipio de Cochabamba con Mach 1. Este año, el escritor cochabambino volvió a llevarse el primer lugar en la XV versión del certamen con "El diablo que baila bajo la luna". Albornoz, que es más conocido en el mundo del arte boliviano por sus críticas y colaboraciones con diferentes artistas, entre ellos un guion realizado para un filme de la artista cruceña Claudia Joskowickz, es una de las voces literarias que empieza a cobrar fuerza en la narrativa boliviana.

¿Existe alguna conexión entre "Mach 1" y "El diablo que baila bajo la luna"?

 Ambas novelas se desarrollan en la (imaginaria) ciudad Costra. "Mach 1" es un escenario de fin de mundo. Básicamente habla de que la humanidad ha sido reducida a una población mínima por una plaga y por un lado están esperando que ocurra un milagro médico o científico para salvar a la humanidad y por otro están resignados de que en cualquier momento van a morir y los últimos artistas están planeando la obra final para cerrar el ciclo de la humanidad de la Tierra. El género es ciencia ficción distópica. Mientras que "El diablo que baila bajo la luna" es una novela noir (negra) de fantasía urbana, hay elementos sobrenaturales, pero lo que quería explorar en ambas novelas es la voz. En esta novela en la cual habla el diablo, la protagonista principal es una mujer empoderada increíblemente inteligente que se defiende con el lenguaje, precisamente con el humor. 

¿Cuál es la trama de la novela? 

Es una precuela de "Mach 1". Hay un asesinato y un grupo de personas poderosas le proponen a la protagonista investigarlo, pero ella no quiere meterse, porque es feliz donde está, pero mientras más rechaza la responsabilidad mucho más se embrolla y se pierde a sí misma, y esta persona que es sumamente egoísta se convierte en una figura materna protectora de un grupo de mujeres menos empoderadas que ella. Entonces sin querer ella madura. Es básicamente eso, pero está disfrazada como una novela de aventuras. 

¿Cuál es la fuente de todo ese imaginario tuyo? 

Siempre fui un fanático de la ciencia ficción, Margaret Atwood, George Orwell, entre otros. En realidad me gustan todos los géneros, pero una de mis influencias principales son mis experiencias con el arte. Mis investigaciones en el mundillo del arte me han llevado a reflexionar acerca de ciertas cosas que he vivido. Creo que esa experiencia ha sido más influyente que las lecturas que he tenido. Otra influencia que he tenido y que aparece también en "Mach 1" es el sentido del humor boliviano, que no es el que aparece en la tele, pero uno lo percibe en el día a día. Por ejemplo las personas en el Oriente son increíblemente sarcásticas, los cochabambinos también, pero es un humor súper elegante y eso es lo que quería meter dentro de estos dos textos, porque me parece que la literatura boliviana no utiliza mucho el sentido del humor y no entiendo por qué.

 ¿Somos muy ceremoniosos en nuestra literatura?

 En la literatura sí, parece que están tan empecinados en ser intelectuales que se olvidan que es más difícil lograr que una persona sonría a que llore. Es bien difícil hacer reír a una persona, pero donde quiera que vayas, ya sea en el micro o en el trufi, el humor está. El sentido del humor boliviano puede ser tan fino como el inglés, tan sarcástico, tan negro y no veo que lo utilicen. Entonces eso quería utilizar y creo que lo he logrado. 

¿Cómo ha sido ponerse en el traje y la piel de una mujer? 

Es demasiado peligroso (risas). En realidad me fue bastante fácil, porque esta novela es una especie de homenaje a todas mis amistades mujeres que me han rodeado. Yo me llevo mejor con las mujeres. Vengo de una familia de mujeres muy fuerte y tengo amigas que tienen el mismo humor ácido que yo. Entonces he vivido en carne propia cómo se forma la sororidad, el sentimiento de hermandad entre mujeres. 

¿Cómo abordas el acto de escribir?

 Tienes que conocer tu herramienta de trabajo, porque si no sabes cómo opera te va a controlar a ti y ese es el trabajo real del escritor, y para ello he tenido que mantener un diario, que lo tengo desde el colegio. Mi meta es escribir 500 palabras por día desde mis 17 años y eso te ayuda a experimentar con la voz. No quiero que escriba Pedro Albornoz, quiero que escriban los protagonistas porque si escribe Pedro Albornoz van a aparecer sus deseos, él va a forzar a los protagonistas a hacer lo que quieren. Este ejercicio diario de liberación de la palabra, de la liberación del ego es fundamental para cualquier tipo de escritura.




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