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Por: Chino Tapia 

En Santa Cruz pareciera que los jugadores surgen como por arte de la naturaleza; sin embargo, no es así. Hay muchas personas que se dedican a formar a los futuros futbolistas en escuelas particulares que se encargan de llenar un vacío en el fútbol boliviano.

La más famosa, sin dudas, es la Academia Tahuichi Aguilera, que empezó su labor en 1978. Sin embargo, la Asociación Cruceña de Fútbol tenía su Escuela de Fútbol mucho antes, dirigida por Ernesto Ferrante y Ciro Medrano.

Álvaro Peña es uno de los que se formó en esa escuela de la ACF. Ingresó a los 5 años y después pasó a Real Santa Cruz, donde impulsó su carrera hasta el exterior y la selección nacional.

Los clubes de la ACF realizaban una labor importante en divisiones menores pese a no tener recursos, desde los años 60 hasta los 80, pero luego empezó a flaquear la labor por falta de apoyo e interés de la dirigencia y se produjo un vacío que dio lugar a la aparición de las escuelas particulares, creadas, en su mayoría, por reconocidos ex futbolistas.

El recordado Erwin Frey creó una escuela solo para arqueros, aprovechando su gran conocimiento del puesto como golero de Blooming, Real Santa Cruz, Universidad y la selección boliviana. Dos de los más conocidos formados por ese “adelantado” del arco, son Carlos Arias y Rubén Cordano, que surgieron en distintas épocas y llegaron a la selección nacional.

Hoy tenemos las escuelas dirigidas por Milton Melgar, Arturo García, Mauro Blanco, Juan Manuel Peña, Carlos Arias, Pedro Higa, El Semillero, Planeta Fútbol, La Mecha, Soccer 3000, Santa Cruz FC, Bolivia 2022, entre muchas otras, aglutinadas en la ACEFI, Asociación Cruceña de Escuelas de Fútbol Infantil.

Tahuichi es palabras mayores en formación de futbolistas, antes mucho más que ahora, por la capacidad para reclutar jugadores, por la formación en sí y por el roce internacional que le brindaba a quienes estaban en sus filas. Las carreras de Erwin Sánchez, Marco Antonio Etcheverry, Jaime Moreno y Juan Manuel Peña, avalan lo señalado. Todos exitosos en el ámbito internacional.

El Semillero sigue ese camino, hace poco firmó un convenio de intercambio con un club español.

En la actualidad es más sencillo saber qué jugadores profesionales no han pasado por alguna escuela de fútbol infantil que conocer lo contrario porque la gran mayoría de quienes integran los clubes de la División Profesional se han formado en alguna de ellas. Ahí radica la importancia de estas escuelas para el surgimiento de nuevos talentos.

Decir que hoy existen más de cien escuelas de fútbol infantil en la ciudad de Santa Cruz no es una exageración, aunque pareciera, pero ese número puede ser fácilmente constatable si se toma en cuenta los emprendimientos de gente apasionada por este deporte.

No están inscritas en la ACEFI, pero en casi todos los barrios del municipio cruceño existe una escuela de fútbol, que en muchos casos en lugares recreativos para los niños en una etapa inicial, en la que los padres de familia pagan una mensualidad. Aquellos que van mostrando condiciones se convierten en becados.

Pero así como Tahuichi cumplió esa labor vital para el fútbol, hoy otras escuelas la emulan, aportando muchos jugadores a todos los equipos de las distintas ciudades del país.

No sólo por cumplir un requisito de pertenecer a la División Profesional sino porque es una necesidad institucional, los clubes cruceños tienen categorías menores. De cada uno de ellos están surgiendo también los talentos que suben a la primera y, en no pocos casos, son transferidos a equipos del interior del país.

Uno de ellos es Blooming, que de 2018 a 2020 promovió cerca de 20 jugadores a la Primera División, varios de ellos pasaron a otros equipos nacionales y en un par de casos emigraron al exterior (Roberto Fernández y José María Carrasco).

“Nosotros nos dedicamos a formar a los niños sabiendo que tarde o temprano tendrán que irse en busca de cumplir sus sueños, se irán a los clubes de nuestro país, mejor si se fueran al exterior. Un claro ejemplo es la Academia Tahuichi, es nuestra misión. Lo que a nosotros nos preocupa es que tengan buena formación”, expresó de su lado Arturo García, quien lidera la escuela “Torito García”.

La competencia no les molesta, más bien la consideran positiva, por eso tienen celos con proyectos como los del Club Bolívar, que en enero anunció la puesta en marcha de un Centro de Alto Rendimiento (CAR) en Santa Cruz.

“La competencia genera calidad y el monopolio trae ineficiencia”, sostiene Eduardo James, presidente de ACEFI.

Destacó que Bolívar se pusiera en contacto con ACEFI para informar sobre este proyecto y la manera en que podrían trabajar en el marco del respeto y la legalidad.

La cantera sigue viva y sigue alimentando a un fútbol insaciable, que tiene en sus clubes a un mercado que no se agota nunca. Las escuelas son esa usina que impulsa esta industria que gira alrededor de una pelota.

De la escuelita al club profesional

Escuela “Milton Melgar”

Jorge Ortiz, Cristian Coímbra, Carlos Tonino Melgar, Mirko Tomianovic, Omar Morales, Junior y Leonardo Sánchez, Abraham Cabrera, Rodrigo Orihuela, Gabriel Valverde, Sebastián Taborga, Luis Melgar, Leonardo Padilla, Rodrigo Banegas, Limbert Gutiérrez (hijo). En el exterior: Mateo Robson Tome Benegas (Palmeiras), Sebastián Melgar (Boca Juniors), Milton Erick Melgar (Venezuela y Brasil).

Escuela “Torito García”

Luis Fernando Saldías, Eduardo Demiquel, Walter Antelo, Andrés Rodríguez, Arturo García Vargas

Escuela “El Semillero”

Carlos Lampe Danny Bejarano, Diego Bejarano, Javier Rojas, Matheo Zoch, Widen Saucedo, Alan Mercado, Camilo Góngora, Nelson Orozco, Saulo Guerra, Fernando Peña.

Tahuichis

Marco Antonio Etcheverry, Erwin Sánchez, Jaime Moreno, Roly Paniagua, Mauricio Ramos, Luis Cristaldo, Joselito Vaca, José Alfredo Castillo, Juan Carlos Arce, Rómel Quiñones, Darwin Peña, Carlos Tordoya, Jhasmany Campos, Juan Manuel Peña, Alcides Peña, Hugo Suárez, entre otros.

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