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Leonie Dorado Arce acaba de cumplir 27 años y en las últimas semanas medios de comunicación de Estados Unidos, Francia, España y América Latina le han dedicado reportajes para conocer detalles de su vida. No es para menos, Leonie es la primera mujer transgénero que incursiona en la televisión boliviana como presentadora de noticias y una de las primeras en América Latina. Desde junio conduce el noticiero del canal Abya Yala. Ella nos cuenta su historia.

_Hace poco más de dos meses incursionaste como presentadora de televisión ¿Cómo vives esa experiencia?
No ha sido fácil. Si lo hubiésemos hecho en una etapa en la que no viviéramos en pandemia sería igual de complicado, porque es la primera vez que estoy ejerciendo mi profesión. Sé que otros presentadores han empezado en formatos más fáciles, como revistas, programas de farándulas o un poco más informales.

El hecho de estar en un noticiero significa que debes tener muchos conocimientos de formas de hablar, no tener muletillas, una forma de expresarse muy limpia y profesional. He tenido solo un mes para prepararme, porque estábamos contra reloj para iniciar el proyecto. Seguimos puliendo cosas, pero estoy muy feliz con el resultado.

_Tu presencia en la televisión ha tenido repercusión incluso en medios extranjeros ¿Cómo vives esa exposición mediática?
Ese siempre fue uno de los objetivos. Es decir, que se conozca el proyecto. En este caso nos hemos tirado a la piscina para ver si resultaba y resultó, pero no hemos llamado a los medios extranjeros para que hagan una nota. Todavía me sorprende la repercusión, porque he salido en lugares que nunca me imaginé. Por ejemplo, Israel y la próxima semana me harán una nota para una revista de Turquía.

_Algunas personas cuestionan que estás ocupando un puesto que le correspondería a otra mujer ¿Qué opinas?
Ese puesto siempre estuvo pensado para una mujer transgénero, porque surge como un proyecto para reivindicar nuestros derechos laborales. El trasfondo de mi presencia en la TV es que las siguientes generaciones de personas transgénero empiecen a ocupar espacios sociales comunes. O sea, que dejen de aislarse de la sociedad, que quieran profesionalizarse, que quieran ser personas que un día se postulen a cualquier empresa y que trabajen como personas comunes y corrientes y que aporten. Es una manera de decir yo también pertenezco a la sociedad.

Ahora, si bien he entrado por invitación directa de la gerente general del canal, creo que la reivindicación social no es poner a una persona transgénero a un noticiero por el simple hecho de querer apantallar una cosa. La reivindicación social se da cuando tú haces que el proyecto funcione. Cuando eres capaz de realizar la labor que te han asignado de forma oportuna y correcta.

_¿A qué edad hiciste tu transición de Bernardo a Leonie?
A mis 21 años. Estaba estudiando Comunicación Social en Buenos Aires y lo hice siempre con el apoyo de mis papás. No fue como que el hijo futbolista se volvió mujer, por así decirlo, si no que nunca estuve ni muy de un lado ni del otro. Tenía muchas amigas, como también tenía amigos. Desde que tengo uso de razón mis padres me dejaron jugar con todo, con muñecas, autos, etc. No era un tema de escándalo. Mis padres estaban más abocados a que sepa hablar tres idiomas o que tenga actividades extras del colegio, que aportaran más a mi vida en ese sentido.

Empecé estudiando la carrera como varón y la terminé como mujer. Siempre tuve la convicción de lo que quería hacer. Creo que nunca me importó mucho el que vayan a decir o miedo por x o z motivos. Cuando tienes convicción esas cosas ya no te importan. Entonces fue un proceso de cuatro años para tener bien clara mi mente.

O sea, parte de mi decisión de ser transgénero tenía que ver por cómo la sociedad me percibía. Había un punto en mi vida en que yo iba a comprar ropa a una tienda y al irme a probar las prendas siempre me despachaban al de mujeres, pero yo no me había preguntado antes si era esto o lo otro; tenía una forma de vestir muy neutra. Como te digo, mi voz nunca ha sido grave, pero tampoco ha sido súper aguda y ha sido porque he hecho seis años de canto.

Por eso es que yo tuve una charla muy honesta conmigo y me dije si estoy proyectando eso es que tal vez quiero que me vean de esa forma. Entonces decidí proyectarme como mujer, porque creo que puedo aportar más que como varón. Fue surgiendo así e hice mi vida. Nunca dejé de estudiar, de salir a la calle. No hubo un tiempo en que me desaparecí.

_¿Cómo fue la respuesta de tu familia?
De mi núcleo más cercano fue buena, pero por supuesto que es shockeante, porque no es el miedo de que tu hijo se vuelva hombre o mujer. Es el miedo que tiene un padre o una madre de que su hijo sufra por culpa de la sociedad. Ese es el miedo, nunca ha sido por mis decisiones, porque desde muy chiquito siempre he sabido qué quería y qué no. Nunca he titubeado por esas cosas. Soy inmediatista. Tomo decisiones bien rápido. Me han enseñado a pensar rápido. Estoy acostumbrada.

_¿Por qué en otras entrevistas has dicho que nunca te sentiste en un cuerpo equivocado?
Cuando volví de Argentina necesitaba saber qué es lo que era y tener una guía que, a mi parecer, ningún sicólogo me la pudo dar. Entonces acudí a los cursos de la ONG Red Enlace. En esas clases me di cuenta de que yo no había nacido en un cuerpo equivocado, solo era una influencia externa lo que me hacía pensar eso. Es que, la mayor parte de las personas transgéneros piensan que viven en un cuerpo equivocado y se realizan tratamientos que son súper invasivos a la salud, como el tratamiento con hormonas y operaciones de implantes o de transformación de tu cuerpo.

El hecho de ponerte prótesis mamarias ya es grave y está demostrado que el cuerpo de alguna forma rechaza todo lo que le pongas de manera externa. Si averiguas te encuentras con que la tasa de mortalidad de una persona transgénero es de 45 años, porque en 20 años su organismo está hecho pomadas por todos esos tratamientos. Yo no tengo ningún tipo de cirugía y creo que puedes tener una vida normal así. Ese es el tema principal de mi libro “La nueva ideología trans de la época post moderna”, que es una nueva propuesta para las personas transgéneros, donde invito a cambiar la percepción de sus vidas para un futuro mejor.

_¿Por qué elegiste el nombre de Leonie?
Nunca quise tener un nombre con A. Estaba buscando un nombre que tenga significado y me parece que lo más cercano a eso es este nombre de origen latino que significa Leona o valiente. Me pareció original y me identifico bastante con él. De hecho, en mi banda de jazz me llaman Leona. Es como tener un tatuaje para mí, pero sin manchar la piel.

Pero aclaro que nunca he renegado de mi historia. Siempre he sido feliz. Cuando era Bernardo era feliz también. Tenía mis amigos. Nunca he renegado de mi vida y eso es importante. No es que ‘transicionas’ a ser del otro género y te vuelves otra persona. Hay gente que sigue siendo del mismo género y cambia por completo, pero en mi caso antes y después fui feliz solo que siempre me fijaba que cuando era varón siempre querían redireccionar mi camino, por ejemplo, me decían que no tenía que ser muy emocional o no tenía que hacer una cosa u otra. En ese sentido ahora me siento mucho más libre. No soy, si se puede decir, muy femenina, no tengo amaneramientos. No por el hecho de que sea más amanerada soy más mujer. Solo que quería proyectar mi vida en la que me sentía mejor.

_¿Sigues con tu actividad musical?
Estoy en la mitad de la carrera de música moderna. Ya estudié por 14 años música clásica y soy cantante de la Big Band, una de las bandas de jazz más importantes de Bolivia, que para estar allí es bastante complicado, porque en música es una competencia continua. Detrás de mí hay 20 chicas que quieren ese puesto y 20 chicas que están trabajando para lograrlo. Si tú te duermes no mejoras.





En la Big Band no estaban buscando una cantante transgénero. Fui a dar ahí porque hice un casting y me eligieron. Lo más importante es que cuando me presenté en el Festijazz era la primera mujer transgénero que estaba actuando en el festival. Nunca hicimos propaganda de que yo iba a cantar con la Big Band. Nosotros nos presentamos porque fuimos seleccionados para participar y la mayoría ha pensado que era una chica más.

_¿Sigues con el modelaje?
Ahurita no. Me gusta participar en proyectos que tengan finalidades específicas. Es decir, no creo que desfilaría para marcas que matan animales para hacer las prendas, como las de cuero. Me fijo mucho la temática que se está manejando en ese proyecto para formar parte.

Empecé modelando en Buenos Aires en 2012. Un año antes de iniciar la universidad con un fotógrafo que trabajaba para Vogue Brasil, esos años se manejaban temas de androginia en las editoriales de moda; entonces ese fotógrafo me conoció en un mall, yo estaba haciendo compras y me preguntó si era chico o chica. 

Y me dijo que necesitaba una persona como yo para una producción de una marca de ropa que se llama Tascani y me dijo que quería fotografiarme. Luego el año pasado participé en una de las colecciones de Beatriz Canedo Patiño. No soy el más claro ejemplo de discriminación, pero sí soy consciente de que los hay.

_¿Cuándo saldrá tu libro?
Tenía que lanzarlo a medio año, pero con la pandemia lo suspendí. Hasta ese momento se iba a publicar en tres países, pero la repercusión que ha tenido mi historia ha interesado en otros más. La pausa también me ha permitido agregar otros capítulos. Por ejemplo, mucha gente me pide que relate mi historia ya no desde un lugar teórico, si no desde mis vivencias y ese es otro capítulo que incluiré.