Opinión

TSE: lección para radicales e intolerantes

Guido Alejandro Arana Hace 10/25/2018 8:00:00 AM

El vértigo que impone la polarización, visibiliza y magnifica, en sectores opositores, expresiones de un ‘radicalismo marginal, eterna y tóxicamente descontento’. La renuncia de la presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha dado rienda suelta a comentarios diversos que, lejos de esclarecer, confunden a la opinión pública, particularmente a aquella alineada al bloque opositor al evismo autocrático.

Hace unos días, no faltaban quienes, con ligereza, comparaban a Katia Uriona con Tibisay Lucena, la impresentable presidenta de la corte electoral venezolana. De nada valían los argumentos en sentido de que ella representaba, junto a otros, el frágil referente de la corriente institucionalista que le hacía contrapeso a los vocales nacionales y departamentales abiertamente sometidos al guion impuesto desde plaza Murillo.

Para otros, Uriona debió renunciar por dignidad, su renuncia es tardía. Paradójicamente, los mismos que sindicaban a Katia de ‘funcional’ al MAS sostienen que debió resistir, ya que su alejamiento deja al TSE bajo el control de una mayoría abiertamente masista. Otros piden disculpas por haberla prejuzgado al dudar de su posición institucionalista.

¿Valía la pena que Katia contradiga lo que la conciencia le dictaba? ¿Esperaban que Uriona sea la golondrina que haga verano, una heroína que eche por la borda el prestigio ganado defendiendo principios de independencia y transparencia que el pleno del TSE negaba?

El oficialismo ha minimizado la salida de Uriona, no olvida ni perdona haber frustrado el intento de forzar un resultado favorable a la reelección indefinida en la consulta de febrero del 2016. Sus voceros tienen razón al sostener que mientras exista el cuórum aritmético y formal todo sigue sobre ruedas, no les interesa su deslegitimación ni el costo de su sometimiento a un proyecto político agotado y ‘fosilizado’.

Las reacciones en torno a Uriona son preocupantes y comparables a las de intolerantes que acusan de ‘funcionales’ e ‘ingenuos’ a quienes hoy dan la cara en este prematuro periodo preelectoral. Radicales que exigen a las organizaciones políticas se abstengan de terciar en este proceso amañado, debiendo limitarse a defender en las calles el 21-F. Las calles importan, así como urge contrarrestar el radicalismo opositor con sus mismos argumentos. Allanarle el camino al MAS es una salida, además de funcional, simplista ¿acaso apuestan por salidas conspirativas? No confundamos al verdadero adversario ni ingresemos en una espiral descalificadora de actores del bloque opositor. Pese a sus debilidades y fortalezas, competirán electoralmente en una cancha inclinada convertida en acantilado a escalar bajo el rigor de vientos y tempestades. Que los fantasmas y miedos de los insatisfechos de siempre no sumen más víctimas de la polarización en filas comprometidas con la defensa de una democracia hoy amenazada.