Era lunes. El 27 de noviembre de 2017 era un lunes común y corriente hasta que el Tribunal Constitucional Plurinacional decidió declarar que Evo Morales tenía el derecho político a una tercera reelección consecutiva. Pronto, ante la catedral de Santa Cruz de la Sierra, centenares de jóvenes se congregaron para protestar.

En minutos fueron miles. Ahí, alguien preguntó: ¿Y dónde está el León? Huérfanos de un líder político, fueron hasta el Comité pro Santa Cruz a buscarlo, pero su presidente estaba de viaje. Los atendió el vicepresidente, un abogado de 38 años: Luis Fernando Camacho.

Desde ese día ha construido un liderazgo que no solo lo ha llevado a encabezar el paro más largo de la historia cruceña, discursear en el cabildo de La Paz o que su nombre sea coreado en su ausencia en una concentración en la zona sur, sino que, además, dirigió al pueblo citadino hasta obligar a Morales a renunciar. Según los analistas, puede aspirar a la Presidencia.

Pese a que él reitera en cada acto que no es candidato a nada, el politólogo paceño Yerko Ilijic ve hasta un nuevo paradigma político que se podría construir en torno a él: lo subnacional popular, un Estado confederado y una alianza entre Santa Cruz, Potosí, y La Paz. Lo ve como el representante del ‘panregionalismo’.

 Acumulación

Camacho creció mientras el presidente del Comité era Fernando Cuéllar. Mientras él trató de capear el descontento social recurriendo a las plataformas provida, Camacho supo escuchar y articular a las plataformas ciudadanas más rebeldes y -sobre todo- cruceñistas, las que creían que el Comité Cívico era el encargado de liderar la resistencia contra la reelección de Morales.

Ganó las elecciones del Comité con el lema A mover Santa Cruz y unas promesas que en su momento parecían grandilocuentes. La única realizable parecía una constituyente comiteísta. Las otras eran complicadas, dado el poder del Gobierno del MAS en ese momento y su alianza con el empresariado local, núcleo histórico del poder del Comité: llegar a un paro nacional indefinido, si había consenso entre sectores y si un cabildo lo ordenaba.

Fue cumpliendo todas sus promesas, menos la constituyente cívica. El 4 de octubre, en el primer cabildo en 12 años, sacó carné de líder relevante a escala nacional y lo estrenó un par de días después al discursear en la plaza San Francisco sin ser abucheado. Para ello, en ningún momento tuvo que desvestirse de su ideología cruceñista.

 ¿Caudillo sustituto?

Cuando se pregunta a su entorno quiénes son los asesores de Camacho, nadie sabe responder a ciencia cierta. Unos responden que su padre, José Luis, expresidente del Comité y empresario. 

También nombran a otros expresidentes cívicos ligados al cooperativismo, y también dicen que toma sus propias decisiones, que tiene olfato político y que llama a empresarios y a personalidades emergentes para validarlas y elaborar sus discursos, que religiosamente pronuncia después a los pies del Cristo. Eso sí, en cada decisión que toma, redobla la apuesta, poniendo a veces en riesgo todo lo conseguido. Así pasó de a segunda vuelta electoral, a la anulación de las elecciones, a la renuncia de Evo Morales y a la renuncia de los cuatro poderes del Estado.

Tiene, además, una impronta mesiánica y religiosa. Franz Flores, doctor en ciencias políticas, no sabe si incluir esto en la columna de las fortalezas o debilidades.

Lo ve fuertemente cristiano, casi fundamentalista, lo que puede atraer a cierto grupo de personas (como a Chi), pero también repeler a otras. Para Ilijic, logró encender la mística cristiana que solo enunció Chi. Flores añade que es un líder con un gran sentido de la oportunidad política. Como alguien que parecía respaldar a Carlos Mesa, pero al percibir que el resto de los comités cívicos tenían otra idea, cambió de dirección. 

¿Su gran mérito? “Ligar el discurso regionalista cruceño, con el reivindicativo nacional. Antes lo cruceño estaba anclado en las autonomías y Bolivia sentía que era una propuesta no aplicable a todo el país. Es la primera vez que un líder cruceño logra superar la frontera local”, dice.

A esto hay que sumarle que el Gobierno no detectó a Camacho en su radar hasta que ya había crecido demasiado. Ahí lo denunció ante la OEA y lo sigue culpando de su caída junto a Mesa, a quien también Camacho mandó al frente, ‘denunciándolo’ de querer pactar sobre la auditoría de la OEA.

Para Daniel Valverde, director del Observatorio Político Nacional de la René Moreno, el abogado convirtió la desconfianza electoral en una forma de catalizar el descontento social a su favor. Sin embargo, quiere ver qué hará Camacho cuando el conflicto amaine, si es capaz de mantener el caudal conquistado en la movilización.

Ilijic le tiene más fe. Lo ve como un liderazgo ‘panregional’, con mucha aceptación en zonas de La Paz. Sobre su figura, piensa en un Estado federal, ¿Qué lo podría detener? “No está siendo arrogante pero sí obstinado. Su tiempo es presente, puede construir un modelo nacional en los próximos seis meses”, aseguró. 

Esa es la oportunidad de Camacho: Ser el líder carismático que defina el nuevo empate catastrófico. Pero conlleva desafíos: construir un proyecto. No es candidato y hasta el momento, nadie sabe qué quiere hacer cuando las aguas se calmen.