Juan Gabriel Valdés Soublette, nació en Santiago de Chile el 2 de junio de 1947, es licenciado en derecho, político, diplomático y ex ministro de Estado en gobierno del presidente Eduardo Frei. En el segundo mandato de Michelle Bachelet, en 2014 fue nombrado embajador de Chile en Estados Unidos. Tres años más tardes, Bachelet asumió el cargo miembro de la Junta Asesora de Alto Nivel sobre Mediación de la ONU, pero tuvo que dejar el puesto para asumir el alto comisionado de Derechos Humanos. El cargo que dejó la expresidenta fue ocupado por Valdés, el 17 de enero de 2019.

 

 ¿Cómo ve la política exterior en el contexto latinoamericano?

Hay muchas razones para estar preocupado porque los intentos de integración de las naciones han fracasado. Es cierto que permanentemente hay nuevas iniciativas que en realidad están orientándose por el factor ideológico, pero no en una visión conjunta de la región y en su variedad, por lo que yo diría que por primera vez tenemos fenómenos de un populismo conservador como el que vive Brasil que, efectivamente, han debilitado el diálogo de la región y, sobre todo, han debilitado el rol de Brasil en la región sur del continente.

 ¿Qué efectos adversos pueden sufrir las regiones de América Latina tras el fracaso de integración y de los gobiernos populistas como el de Venezuela y Argentina, entre otros?

Siento que en la región sudamericana se está produciendo un fracaso de la democracia representativa, que hay un cuadro en el cual los partidos políticos han perdido sus orientaciones esenciales y los modelos de desarrollo están trabados.

Por ejemplo, en mi país (Chile) es evidente que el modelo extractivo basado simplemente en las exportaciones de materias primas está tocando techo, por lo tanto, el pueblo requiere un tipo de reflexión, un tipo de análisis y de acción que actualmente no se están dando en el sistema político y, eso es preocupante.

 Los países vecinos de Chile, como Argentina y Bolivia están en plenos procesos electorales y hay tendencias favorables para que Cristina Fernández retorne al poder en Argentina y en Bolivia, Evo Morales sea reelecto en el cargo, ¿le preocupa esa situación a Chile?

Voy a decir algo que lo siento muy real. Si uno mira a Bolivia desde afuera lo ve como un país estable, y si uno mira a Chile desde afuera, también ve que es una nación estable. Esto no niega que hay grandes disputas internas entre ambos países, pero es evidente que la situación de Chile y la de Bolivia no son las mismas que enfrenta Argentina, donde desde afuera se percibe un cuadro de crisis económica de una magnitud desconocida y tampoco no es la misma situación que pasa en Brasil que está completamente paralizado en materia económica y es dirigido por un presidente (Jair Bolsonaro) que ha generado animadversión en toda la región.

Por lo tanto, en la región hay colores grises de distintos tipo, pero no cabe duda de que el proceso que vive Bolivia y Argentina, serán extraordinariamente importantes para el resto de la región.

 Teniendo en cuenta de que el presidente Evo Morales no respetó el resultado de un referéndum de 2016 que le negó la posibilidad de presentarse a una nueva reelección y además pone en entredicho el fallo de la Corte de La Haya sobre la demanda marítima que interpuso Bolivia, ¿le preocupa a Chile la posibilidad de Evo Morales vuelva a ser reelecto presidente?

No voy a hablar de la política interna de un país como Bolivia. Creo que en Chile comienza a establecerse un criterio que tenemos y que es el de establecer un diálogo práctico y pragmático con Bolivia porque tenemos muchos temas en común en los cuales podemos hablar con confianza y con tranquilidad en el momento en que nosotros queramos. Esperemos que con cualquier Gobierno futuro de Bolivia se pueda reestablecer este diálogo. Hemos tenido momentos muy difíciles, pero personalmente he participado en otros momentos anteriores al fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en los cuales hubo esperanzas para ambas naciones de que pudiéramos resolver nuestros problemas de manera muy conveniente para ambas partes.

Hace muchos años estuve en Portugal con el entonces canciller boliviano Javier Murillo, cuando hicimos un listado de los temas que Bolivia y Chile querían discutir y querían conversar y ese fue un momento particularmente interesante entre ambos países. No pierdo la esperanza de que llegará otro momento en que se alcance ese nivel de confianza y de voluntad de asociación, donde las dos naciones sean las beneficiadas.

 ¿Ese momento de confianza del que usted habla se vio truncado por la demanda marítima? y de darse un nuevo nivel de confianza entre ambos países, ¿cuáles deben ser las condiciones para restablecer el diálogo?

No. En mi criterio, la demanda marítima contra Chile fue un error histórico de Bolivia, lo siento así. Creo que no correspondía ese proceso y el resultado lo dice todo. Chile y Bolivia tienen que resolver sus problemas internos entre sí y la pretensión de transformar este tema (la demanda marítima) en un tema jurídico global llevó a esa situación en la cual estamos de nuevo, en un punto cero de diálogo.

Siento profundamente que Bolivia y Chile tienen un destino común en muchas áreas y que son dos actores muy centrales, no solo en la integración de la región y la relación entre sí, sino también en la región del Atlántico y del Pacífico. Siento que ante los desafíos que hoy en día hay en el mundo, estas dos naciones tienen que volver a sentarse a conversar y a buscar un punto de entendimiento.

 ¿En el contexto latinoamericano, cómo ve Chile a Bolivia en el campo energético y económico?

Bolivia es una potencia en esa materia y, además, tiene riquezas que son extraordinarias. No quisiera, como siempre, caer en una mentalidad que ve cualquier acuerdo nacional simplemente como un intercambio comercial o como un acceso a obtener riquezas naturales.

Chile y Bolivia tienen que entenderse porque históricamente han sido países que se han confrontado, pero tienen una ubicación geopolítica en una región que se enfrenta a uno de los conflictos más graves que tendrá el mundo y me refiero a la situación que enfrentan Estados Unidos y China. Pienso que pueblo chileno y el boliviano tienen que trabajar y reflexionar juntos sobre cómo enfrentamos el mundo del Asia Pacífico y el conflicto que hay entre Estados Unidos y China, cómo nos asociamos con Perú y luego con Argentina para armar un Cono Sur que tenga un decir en lo que son las negociaciones internacionales actuales.

De verdad lo digo y de una manera real y sincera que extraño una relación diplomática, una relación de acercamiento y de diálogo más sincera y más intensa entre los dos países vecinos, que por ahora siguen enfrentados.

 ¿Cree que puede llegar ese diálogo con Evo Morales a la cabeza del Gobierno boliviano cuando las relaciones diplomáticas entre ambas nacionales están en punto cero tras el fallo de La Haya?

Repito que no voy a hablar de la política interna de Bolivia. He tenido la oportunidad de conocer tanto al presidente Evo Morales, como al expresidente Carlos Mesa y he tenido muy buena relación con ambos.

Hace 15 años atrás, si no me equivoco, la presidenta (Michelle) Bachelet me pidió que hiciera un acompañamiento de las negociaciones que mantenía el presidente Evo Morales con los prefectos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija en un momento de un enorme conflicto social y me permitió acceder a una política interna de Bolivia que me pareció fascinante, difícil y muy compleja, pero muy ilustrativa de lo que era América Latina. Con Carlos Mesa he tenido conversaciones larguísimas en muchas partes del mundo sobre cómo Bolivia y Chile resuelven sus conflictos y puedan mirar juntos su futuro. Por lo tanto, yo solo deseo que este proceso electoral sea ordenado y que no haya ninguna otra situación de desconocimiento de las reglas.

 Meses atrás diplomáticos de Chile advirtieron al secretario de la OEA de que una posible nueva reelección de Evo Morales puede terminar en un desastre, como sucedió en Honduras y Nicaragua, ¿qué opina usted al respecto?

No sé quiénes fueron esos diplomáticos y no voy a entrar en su lógica porque me parece que los países tienen la capacidad para resolver sus problemas. Naturalmente, todos nosotros esperamos que las reglas que están establecidas se las respeten porque el no respeto a las reglas se traducen en inestabilidad social y esa inestabilidad nos afecta a todos, por lo tanto, sin duda, apoyo que las reglas de un sistema democrático sean respetadas y que los países lleguen a soluciones en las cuales los gobiernos son legítimos y no amenacen su legitimidad jugando con las reglas de una manera de que la población se siente descartada de la solución.

Pero, como dije, el tema de la solución de la elección y del proceso electoral boliviano es un tema que solo inmiscuye a los bolivianos y no nos corresponde decir o estar opinando sobre asuntos internos.