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Humoristas de lo cotidiano


El Stand up boliviano. Qué temáticas aborda y quiénes son sus protagonistas


Humor propio: El stand up boliviano usa temas cercanos y la individualidad local para desarrollarse
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21/07/2019

El hombre acaba de escuchar un espectáculo de stand up y no ha podido resistirlo. Humillado y ofendido, siente que tiene que hablar con el comediante y decide esperarlo. “Conversemos un ratito afuera, por favor”, le dice a Pablo Osorio, el comediante que acaba de recibir los aplausos por su espectáculo.

Como es orureño, Pablo suele reflexionar acerca de cómo es ser un colla en Santa Cruz. En una parte de su rutina, habla de la forma en que un policía orureño detiene a un infractor. Cuenta cómo el policía pasa de la soberbia a la empatía para poder arrancarle unos pesos al conductor. Nada nuevo. Nada falso. Pero un coronel de policía que estaba viendo el espectáculo con unos camaradas no pudo resistirlo.

Ahora están fuera del boliche. El coronel comienza en tono reflexivo: “Su tipo de humor está mal. Usted debería mirar cómo hace humor otra gente”. En este momento, con afán didáctico, el coronel le menciona grupos de café concert y personajes de comedia que suelen representar estereotipos como la cholita, el beniano, el tarijeño, el gay. Todos funcionan desde la exageración y quizá la sobreactuación.



Ahora el coronel ha pasado de la didáctica a la indignación: “Dígame cuándo lo extorsionaron, cuándo un policía lo trató así”. Pablo solo puede reír ante el evidente cinismo del coronel. Por supuesto, no cabe pedir ni media disculpa por parte del comediante. Eso exaspera al uniformado, que comienza a amenazarlo: “Vas a dormir entre rejas. Te vas a arrepentir”. Los camaradas policías que estaban con él en el espectáculo tuvieron que contenerlo para que no ataque al humorista.

Esta anécdota muestra la situación actual de la comedia stand up en Bolivia. Hay un auge, se ha recorrido camino y se está formando un público, pero hay un sector que todavía está anclado en el humor de café concert (válido, gracioso, pero distinto) y en el del cuentachistes.

FOTOS: JORGE UECHI/HERNÁN VIRGO

Desnudo y con sombrero

Para subir a un escenario y hacer stand up, más que establecer un tema, hay que desnudarse. “En el stand up se parte de uno mismo, y eso ya es ganancia. Así se abre un universo interesante”, comenta Ariel Vargas que, desde su espacio, Tía Ñola, abrió el micrófono a estos comediantes que reflexionan. Cuentan detalles de sus propias vidas que a veces son desventuras sazonadas con una mirada ácida que suele alcanzar la complicidad del público.



En agosto -mes patrio-, por ejemplo, varios comediantes presentarán su visión acerca de lo que es ser boliviano: qué hacemos bien, qué hacemos mal.

El stand up usa técnicas teatrales pero no es teatro; imita personajes pero se trabaja desde la individualidad; recurre al chiste pero el comediante no tiene que ser necesariamente un tipo chistoso; El stand up trata de crear un universo cómico, a cargo de un solo y todopoderoso individuo que pone su creación a disposición del público. En suma, hay que hacerse cargo del elefante en la habitación.

Su vivo retrato

El taller que el premiado comediante Javicho Soria dictó en La Paz a principios de este año se llamaba El elefante en la habitación. Consiste en que el comediante se haga cargo de sí mismo, de resolver algún tema que salta a la vista ni bien se sube al escenario. “Si eres gordo, o muy alto, o si tienes cara de joven, hazte cargo. Si hablas con acento o no eres del país, hazte cargo”.

En el caso de Javicho, que vivió varios años en Argentina, hacerse cargo consistió en utilizar su condición de migrante momentáneo para hacer reír a los argentinos enrostrándoles su verborragia, y a los bolivianos subrayando sus problemas para encajar en otro país. “Se recurre a lo testimonial, que juega entre el absurdo y lo caricaturesco”, explica Saúl Montaño. El cuentachistes habla en tercera persona, pero el comediante de stand up se refiere a sí mismo. La gracia suele estar en sus desgracias (dice Carolina Bessolo). Por eso hay tantos temas como comediantes.



La cuarta pared

A diferencia del teatro, que espera aplausos al final, en el stand up la retroalimentación es inmediata y constante. No hay una cuarta pared a través de la cual el público mira el espectáculo. La risa es el termómetro cruel que le indica al comediante si su material está funcionando o no. Es tan cruel que a veces ni siquiera los parientes premian con carcajadas una rutina defectuosa.

“Es triste, doloroso y angustiante. Lo he sufrido muchas veces”, comenta Javicho Soria. ¿Y qué hay que hacer en esos casos?¿Queda el recurso de la improvisación? No. Según Pablo Osorio, para improvisar hay que tener una cantidad ingente de material o temas para cambiar. Le sucedió en Bogotá, donde llegó con diez minutos de material sólido. Antes de los cinco minutos se dio cuenta que no funcionaba. El público estaba callado. “Quería llorar de puro dolor”, cuenta.

Luego vio que el humorista de Comedy Central Ibrahim Salem salvó su propia rutina interactuando con el público para luego, después de haber creado el clima propicio, volver a su guion.

Cuando eso le ha sucedido a Javicho Soria, se refugió en su casa y lloró valientemente en posición fetal. Luego volvió a intentarlo.

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A los valles yo me interno

“Santa Cruz ha logrado en dos años lo que nosotros hicimos en cuatro”, dice Frank Tórrez, que hace monólogos en Cochabamba. En la capital de los valles el público está acostumbrado a consumir lo mismo de siempre, y con el café concert van a lo seguro, dice Tórrez.

El público cochala, inicialmente impenetrable, exigió a los artistas mayor esfuerzo. El colectivo Stand Up Cochabamba está impulsando el humor, siempre desde los temas propios, porque al cochabambino le gusta identificarse con algo muy suyo.

En cuanto a los temas no hay problema; se puede hablar en el escenario de elecciones, de comida, de las peripecias de la premilitar. El problema está en el tono: “La sociedad cochabambina aún es muy conservadora y susceptible con ciertos temas; tenemos que fabricar humor negro con pinzas, porque el público puede ser muy reactivo o tomarlo a mal si no tenemos cierto cuidado”, dice Leo Ovando.

Resulta notorio para Tórrez que su público mayoritario es menor de 35 años, y que la nueva generación, es decir, entre los 18 y los 25 años, es la que está aumentando, deseosa de probar recetas nuevas.

Inicialmente, iban a bares a los que la gente acudía a conversar con amigos, así que un comediante en realidad interrumpía. Poco a poco, los espacios se fueron abriendo. Ahora se presentan en lugares como Jazz Stop, 1969 Rock & Bar, La muela del diablo y Guetto Bar. Cada uno tiene su público específico.

Muestra de ese crecimiento es que, hace una semana, se realizó en el teatro Adela Zamudio el primer festival nacional de stand up, llamado Olvida y Ríe. Diez comediantes de todo el país presentaron su material.

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Risa llana

Tía Ñola y Meraki están entre los boliches pioneros que en Santa Cruz organizaron open mics o micrófonos abiertos para quien desee presentar su material. Entre los impulsores del género hay que nombrar a Pablo Osorio y a Pedro Álvarez (Baloo).

Después de algunas presentaciones, ambos se miraron y se percataron de que no había mucha gente haciendo stand up, así que decidieron realizar un taller para expandir el género. Reunieron sus experiencias, anotaron sus lecturas y empezaron a hablar de la estructura básica del chiste, de los antecedentes, de los remates de una idea y del clima que debe crear el humorista en el escenario.

Libros como La Biblia de la comedia, de Judy Carter, se estudiaron a fondo. “Así nació La Cuarta”, comenta Claudia Delgado, que participó en el taller, que ya va por su cuarta versión. Los humoristas de La Cuarta congeniaron y siguen reuniéndose para crear material y presentaciones.

Por ejemplo, uno de los aspectos que se trabaja en el taller son los miedos. Se mencionan cinco miedos que tiene cada tallerista: miedo a ir al baño y no tener papel, a que se entre un chulupi al cuarto o cualquier otro. Luego se profundiza en las cosas que le gustan y también en las que le causan extrañeza. Con todo eso se va configurando un texto y claro, un tema. El taller consiste en escribir, explican Pedro Álvarez y Pablo Osorio.

Uno de los asistentes fue Daniel Meave. “El taller fue como abrir una parte de mi cerebro que no sabía que tenía”. Llegó a clases desde Cochabamba y no sabía que la graduación consistía en una presentación real, con público de verdad. “Había un escenario en un boliche y la gente apoyaba”, cuenta, sorprendido. La presentación se realizó en Meraki.

Al retornar a Cochabamba, algunos boliches le exigían que garantice un consumo de 40 bolivianos por persona a lleno completo o un pago de 4.000 bolivianos. “Demasiadas trabas”, pensó y decidió vivir en Santa Cruz, porque el stand up estaba en auge. Renunció a su trabajo como ingeniero civil para proyectos de la Cámara de Diputados. Ahora es parte de la oferta a la que recurren locales como Pikeos o Mantis, que suelen llamar a los comediantes.

A José Luis ‘Chochi’ Cardona le funciona bien el tema LGBT, porque es gay, según explica. “Jamás he tenido un comportamiento de rechazo hacia el tema, porque el público está acostumbrado a verlo como burlesco y gracioso”, explica.

Humoristas con útero

Claudia Delgado trabajó sus monólogos con la estructura aprendida en los talleres y vio que el tema elegido a veces no ‘pegaba’. Reflexionaba, por ejemplo, acerca de la imposibilidad de decir disparates que tiene una ‘señorita’. “He visto que las chicas están agachadas y mirando a escondidas porque todavía sienten que estos temas chocan”, comenta. “Entre hombres se ríen, pero a nosotras nos cuesta. Creo que influye la carga patriarcal y machista”.

La cochabambina Jordi Farel considera que, a veces, el público femenino es más difícil para una comediante. En cambio, cuando entra un hombre, se ríen con más facilidad. “Parece haber cierta empatía natural con un hombre. En cambio, entre mujeres a veces nos bajoneamos”. Sin embargo, ha encontrado en los temas que interesan a las mujeres una veta inagotable: buscar qué ponerse, lidiar con una cartera llena o encarar una cita.

Andrea Herrera acepta que el público tiene una tendencia machista, pero la mujer tiene más temas para explotar. “Las mujeres no pueden hablar de deseos y de su cuerpo. Están relegadas. Intento desde ese lado tocar ciertos temas que están al margen”. No es casual que admire a la desconcertante comediante Sofía Niño de Rivera.

Carolina Bessolo cree que, si bien hay menos comediantes mujeres en toda Latinoamérica, los temas no tienen límites. “Una mujer puede hablar de todo, de comida, sexo, estatura, gordura. Hasta tenemos más experiencias desastrosas para compartir, por el mismo hecho de que cuando sos madre se te hace mierda el cuerpo. Hay mucho que explotar en el tema femenino”.

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Memoria de lo que vendrá

Vienen más eventos. Javicho Soria acompañará al viral Franco Escamilla el 8 y 9 de agosto; en Meraki, el 24 de julio, habrá una segunda masacre humorística, conocida como roast, que consiste en descargar bromas y chistes contra un solo humorista. Tanta crueldad contra sí mismos indica que el género es cada vez más saludable.



 




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